Cómo descubrir en qué sos buena (aunque hoy no lo veas)
Hay una frase que aparece mucho en este momento de transición:
“No sé para qué soy buena.”
Y no es algo que se diga livianamente.
Se siente real.
Después de años trabajando, sosteniendo responsabilidades, haciendo lo que había que hacer… de pronto aparece esa sensación incómoda de no tener nada claro para ofrecer.
Como si todo lo que hiciste hasta ahora no alcanzara.
O peor: como si no tuviera ningún valor fuera del lugar donde estuviste.
Y eso desordena mucho más de lo que parece.
El problema no es que no tengas nada para ofrecer
Es fuerte decirlo así, pero necesario:
No es que no tengas nada especial.
Es que estás mirando tu experiencia desde un lugar que no te permite verla.
Durante años probablemente organizaste tu recorrido en formato “trabajo”: el puesto que ocupaste, las tareas que hacías, el lugar donde trabajabas.
Pero eso no muestra lo más importante.
Lo más valioso de tu experiencia no está en el título de tu puesto. Está en cómo pensás, cómo resolvés, cómo te movés en lo que hacés.
Y eso, si no lo mirás con intención, pasa completamente desapercibido.
Lo que hacés bien suele ser lo que menos valorás
Hay algo bastante común.
Todo lo que te sale natural, lo minimizás.
Porque como a vos te resulta fácil, asumís que es normal. Que cualquiera podría hacerlo.
Pero no.
Si fuera tan obvio, todo el mundo lo haría igual de bien. Y no pasa.
Ahí hay una de las claves más importantes: lo que para vos es automático, para otros es difícil.
Dónde empezar a mirar (de verdad)
No necesitás hacer un test.
No necesitás descubrir tu propósito.
Necesitás mirar mejor lo que ya hiciste.
Te dejo tres lugares concretos para empezar:
1. Lo que te pedían siempre
En todos los trabajos hay algo que se repite.
Eso que tus jefes, colegas o clientes te pedían a vos, incluso cuando no era tu tarea.
Ordenar algo, explicar, resolver un problema, tomar decisiones.
Ahí hay valor.
2. Lo que resolvías sin darte cuenta
Situaciones que para otros eran complicadas y vos las resolvías rápido.
Sin hacer mucho ruido. Sin darle demasiada importancia.
Eso también habla de cómo pensás.
3. Donde sentías que tenías criterio
No todo es habilidad técnica.
También hay algo más fino: el criterio.
Ese momento donde sabías qué estaba bien, qué no, por dónde ir, aunque no lo pudieras explicar del todo.
El error de querer encontrar algo nuevo
Muchas veces, en este punto, aparece esta idea:
Capaz tengo que encontrar algo completamente distinto.
Pero no siempre es así.
De hecho, muchas veces el camino no está en algo nuevo, sino en una nueva forma de usar lo que ya tenés.
El problema es que, como está desordenado, no lo ves.
No estás empezando de cero
Aunque hoy no tengas claridad, hay algo que es importante sostener:
No estás en blanco.
Tenés historia.
Tenés experiencia.
Tenés recursos.
El tema es que hoy están mezclados.
Y cuando todo está mezclado, cuesta ver qué sirve, qué no y qué se puede construir con eso.
Ordenar cambia todo
No es magia.
No es motivación.
Es orden.
Cuando empezás a ordenar tu experiencia aparecen patrones, se clarifican habilidades y se abren posibilidades.
Lo que antes parecía no tengo nada claro empieza a tener forma.
No tenés que hacerlo sola
Este proceso, bien hecho, no es rápido, pero sí puede ser claro.
Y sobre todo, no tiene por qué ser confuso como lo es cuando lo pensás sola.
Si estás en ese punto donde sentís que no sabés en qué sos buena, no lo tomes como una verdad.
Tomalo como un indicador de que necesitás ordenar.
Si querés, podés escribirme y vemos juntas tu situación.
No te falta capacidad.
Falta alguien que te ayude a ver con claridad lo que ya está.
Abrazo, Eva
Soy Eva Rodriguez Nappi, Comunicadora Social y Coach Ontológica. Acompaño a mujeres +40 en transición laboral a ordenar su situación y generar nuevos ingresos, sin negar su historia ni forzarse a ser otra persona. Trabajo con una estructura clara para convertir la experiencia en capital.